martes, junio 18

Trump defiende la inmunidad presidencial incluso por el asesinato de rivales políticos | Internacional

“¿Puede un presidente ordenar [un grupo de operaciones especiales] quien asesina a un rival político podrá ser objeto de proceso penal sin haber sido condenado políticamente [en un impeachment]? La pregunta de la jueza Florence Pan puso contra las cuerdas al abogado de Donald Trump, John Sauer, este miércoles en una audiencia celebrada en los tribunales federales de Washington. Para que su extrema teoría jurídica sobre la inmunidad presidencial no colapsara, la defensa de Trump, con el expresidente de Estados Unidos presente en la sala, tuvo que defenderla incluso en ese caso. Los jueces del tribunal de apelaciones que revisa la apelación en el caso penal de Washington por intentar alterar los resultados de 2020 no quedaron nada convencidos. Probablemente rechazarán la inmunidad, como hizo el juez en primera instancia, y el caso acabará en el Tribunal Supremo.

A Trump parece haberle cogido agrado a los tribunales. Cada vez que pasa por ellos sube en las encuestas y la caja registradora de su campaña empieza a cobrar. Por eso este miércoles compareció en Washington en una audiencia a la que no tenía necesidad de asistir. Si bien asistió voluntariamente y por decisión propia, mintió en mensajes a sus seguidores y en redes sociales diciendo que el presidente Joe Biden lo obligaba a interrumpir su campaña a sólo seis días de los caucus de Iowa, pistoletazo de salida de las primarias. para la nominación presidencial. Sabiendo que las cámaras estaban apuntando hacia él, Trump compareció tras la audiencia con sus habituales bulos y propaganda política -pero sin admitir preguntas- demostrando que acudir a los tribunales ya forma parte de su campaña.

Sin las gélidas temperaturas de Iowa, Washington también lo recibió con una mañana lluviosa y desagradable. Tal vez sea eso, tal vez todo sea agotador, apenas había curiosos en el recinto del tribunal federal, donde le esperaban de guardia unos cientos de periodistas y policías. Ante el espectáculo de sus acusaciones, esta vez lo que sí había era un manifestante solitario tocando música de circo a todo volumen.

Dentro del edificio, en la Corte 31, en el quinto piso del edificio E. Barrett Prettyman, a poca distancia del Capitolio, Sauer estaba apelando una decisión de la jueza Tanya Chutkan, a cargo del caso, en la que rechazó la inmunidad de Trump. rotonda. El fiscal especial Jack Smith quería que el Tribunal Supremo decidiera directamente sobre el asunto para no perder tiempo y poder iniciar el juicio el 4 de marzo, fecha para la que estaba previsto inicialmente. El Tribunal Supremo, sin embargo, ha decidido esperar su turno, en lo que ya supone una pequeña victoria para Trump, que consigue retrasar el caso.

“Abrir la caja de Pandora”

Sauer recordó que la Constitución estadounidense otorga inmunidad por actos realizados en el ejercicio de funciones oficiales. Argumentó en la audiencia que si ahora se permite a Trump procesar, Estados Unidos entraría en una era de ajuste de cuentas en la que un presidente procesa al anterior. “Autorizar el procesamiento de un presidente por actos oficiales abriría una caja de Pandora de la que esta nación tal vez nunca se recupere”, advirtió gráficamente, expresión que Trump repetiría luego en su comparecencia. Una presidencia de venganza y represalias es, por otra parte, precisamente lo que Trump ha prometido si regresa a la Casa Blanca.

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Según Sauer, para que un presidente de los Estados Unidos pueda ser procesado por actos que puedan interpretarse como realizados en el ejercicio de su cargo, primero debe ser procesado políticamente por la Cámara de Representantes a través de un el proceso de destitución y luego condenado por el Senado, con una mayoría de dos tercios. Además, sostuvo que un presidente no puede ser juzgado en base a la separación de poderes.

Tras su discurso inicial, los tres jueces del Tribunal de Apelaciones, dos de ellos designados por presidentes demócratas, comenzaron a cuestionar sus argumentos. La progresista Florence Pan fue especialmente incisiva. Ante las evasivas de Sauer, ella no se cansaba de hacer y rehacer la misma pregunta, a veces hasta siete veces, hasta obtener algo parecido a una respuesta.

Puso en apuros a Sauer reduciendo sus tesis al absurdo: le preguntó si, a falta de una condena por el proceso de destitución, un presidente podría ser procesado por vender secretos nucleares, perdonar a criminales u ordenar un comando especial para asesinar a un rival político. Se centró en esa cuestión, follándose al abogado de Trump, mientras el presidente permanecía impasible, como con la mirada perdida, en la mesa de sus abogados. “Tendría que serlo y sería rápidamente sometido a el proceso de destitución y condenado [por el Senado] ante el proceso penal”, respondió el abogado. El juez insistió e insistió, pero el abogado siguió manteniendo la tesis de que no se le podía imputar sin una el proceso de destitución anterior. “¿Entonces su respuesta es no?” insistió el juez. “Es un hipotético sí”, respondió el abogado.

El argumento de Sauer se hace eco del de otro abogado de Trump en 2019, ante un tribunal de Nueva York, en el que dijo que el presidente no podía ser investigado ni procesado mientras estuviera en la Casa Blanca, ni siquiera por dispararle a alguien en plena Quinta Avenida, sino también una declaración del propio Trump en 2016 de que podría hacerlo y ni siquiera perder votos.

Incluso la jueza Karen Henderson, nombrada por el republicano George HW Bush, se mostró escéptica: «Creo que es paradójico decir que su deber constitucional de garantizar la fiel ejecución de las leyes le permite violar el derecho penal», afirmó.

El fiscal James Pearce insistió en que Trump no es inmune: “El presidente tiene un papel constitucional único, pero no está por encima de la ley. Los principios de separación de poderes, el texto constitucional, la historia, los precedentes y las doctrinas de inmunidad apuntan a la conclusión de que un expresidente no goza de inmunidad procesal”, argumentó a su vez.

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